El magnate ruso puede acabar con el estadio de los Blues porque pretendería progresar desde una base actual que genere más dinero.

La única opción real es vender y construir un estadio de unos 60.000 espectadores de capacidad en los alrededores, lo que generaría un crecimiento estimado de 50 millones de libras adicionales al año en ingresos. El problema actual radica en que el propio terreno de juego pertenece a aficionados que formaron en su día una empresa llamada Chelsea Pitch, propietarios individuales para evitar precisamente lo que ahora pretende el ruso.
El multimillonario ha hecho una oferta de 10 millones de libras para poder dominar también ese punto, que en su momento costó apenas 1.5 millones a los casi 100 accionistas. Según algunas fuentes, Abramovich pagaría incluso el préstamo pendiente de esa operación para volver a comprar las acciones al precio de compra original.
El presidente de ese grupo de accionistas, que votarán en una Asamblea General Extraordinaria el 27 de octubre, es Bruce Buck y, por ahora, cree que el club deberá estar“siempre agradecido a los que en su día invertimos ese dinero y ahora espero que todos voten a favor de la propuesta”.
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